MONGA Y EL CIRCO ROMANO


La televisión abierta chilena nos sigue dando manteca para batir la tarasca durante la odiosa semana hábil. Y cuando digo televisión abierta chilena hablo de una suerte de terminal donde decantan todos los casos que supuestamente remecen los cimientos valóricos de nuestra sociedad.
En menos de quince días las pantallas se han teñido con espectaculares femicidios, dantescos desbordes de represas, lagos y ríos, aludes de barro arrasando con todo, fuertes temblores y amenazas de terremotos y maremotos, balaceras a plena luz del día en zonas céntricas de Viña y Valpo, Karen Paola en pelotas circulando por internet, un partido socialista que terminó siendo un partido capitalista, Piñera imputado, carabineros robando, casi todos los canales transmitiendo en vivo la cara de una mujer a la que una bestia humana le sacó de cuajo los ojos, teleseries turcas, bombardeos de película y arreglines de bigote por aquí y por allá.
En medio de esta diarrea comunicacional surge entre carcajadas el caso Monga, que nos abre a la discusión filosófica sobre el humor y sus bemoles; pero también saca a la luz la polarización política guerrafrialística que de vez en cuando manifiesta su porfía por acá en el fin del mundo.
Y es un caso muy singular, porque el personaje Yerko Puchento se supone venía a instalar en la tele chilena esa suerte de anarquía posmodernista que avanza varios pasos por delante de la pomada valórica que los partidos políticos nos vendieron desde el triunfo del “No” en adelante. Más que hacer un humor crítico Yerko Puchento viene a constatar la semántica del webeo que pareciera sostener al país en estos tiempos de extrema incertidumbre. Nos invita a reírnos de lo inocentes, por no decir imbéciles, que hemos sido, ante el abuso y la perversión de los poderosos blindados por su corte de operarios políticos y rostros de televisión o payasos vendedores. La idea es reírnos de como nos cagan, engañan, estafan, de como explotan y roban nuestros recursos naturales, de como nos baipasean con el derecho a la educación gratuita y de calidad.
Y Yerko Puchento pasa de pronto de contarnos chistes de la estupidez de la farándula a hacerlo con la descarada corrupción política. Y allí sí que hay material pa’l webeo.
Es una mezcla rara. Un personaje sexualmente ambiguo, de aspecto cursi y frívolo, surgido en medio del magma farandulero criollo, de labia agresiva, popular, interpretado por un actor izquierdoso, libreteado por un guatón facho, director creativo del Canal Trece, bajo la tipificación de rutina humorística, stand up comedy o monólogo teatral para televisión.
El programa “estelar” se emite los días jueves y obviamente al día siguiente la estación del angelito se convierte en una oficina de reclamos. También lo hace el Consejo Nacional de Televisión y de vez en cuando algún juzgado civil; aunque poco y nada se sabe de sanciones concretas, salvo los diez palos a pagar para Sarita Vásquez.
Ahora la ex ministra Cecilia Pérez hizo pública su indignación porque la trataron de Monga. Quiere que suspendan una semana las transmisiones del Trece, que le corten la cabeza a Daniel Alcaíno y que le pongan en su cuenta corriente 671 millones de pesos para poder soportar el daño terrible de haber sido comparada con el personaje de Fantasilandia. ¿Y las siete lucas del papel confort?
Entonces asoman defensores y acusadores, se arma toletole, se habla hasta por los codos en los matinales sobre el asunto, discriminación, perspectiva de género, libertad de expresión, el rol del humor en estos tiempos, misoginia, homofobia, homocinética, homo sapiens, caniulefismo, primerplanismo, animalismo.
Yo diría que todo esto no es más que el inevitable instinto clasista del chileno, genuinamente manifestado a todo nivel. La aludida es de cabeza negra, bajo ningún punto de vista de raza blanca o europea, y con apellidos bastante corrientes o al menos de escaso linaje -Pérez Jara-, integrante de un conglomerado político que precisamente representa los intereses del sector económico más pudiente del país, la derecha, relacionado siempre a las tradicionales familias aristocráticas chilenas. Ha sido vilipendiada por un actor de origen humilde, un payaso, un hombre de izquierda, empleado en un canal de televisión de propiedad de uno de los dueños de Chile. Un roto con permiso de los patrones para subir al columpio a una momia morenita. Esto es un circo romano. Así somos, así es Chile, un país de títeres entrañablemente clasistas.

Escrito por el periodista Rafael Sarmiento Cabezas

Facebook: https://www.facebook.com/rafael.sarmiento.14

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